Disociación provocada

    Generalmente soy optimista cuando estoy rodeada y le enciendo la luz al que le da la gana estar a oscuras, para que deje el llanto y vea más clarito, también a los que sufren y no es por que se les da la gana. 
    Me ven y se ponen a imaginar un festín de vida, con la cara siempre grasosa y manchada, pero muerta de risa, desde ese ángulo solo se ve lo que de mí cree ser feliz, pero tengo ciento cuarenta y siete mil ángulos y claro que no todos son felices, cara grasa sí, feliz no siempre.
    Como esos peces que se tragan la basura de su entorno, ahí ando recogiendo los pedacitos de buenos momentos después de tanta pelea, pero también sé pelear, aunque me sienta débil y me duela. 
    Me quedé atónita, con un rostro como el de un niño que aún no entiende el idioma, escuchando como balbuceaban por el transmisor muchas de esas palabras hirientes, hirientes y hacía mí, de lo que soy. Si hubiese sido un niño no habría comprendido nada... Ojalá hubiese sido así. 
    Choqué cuatro, quizá cinco veces entre tanto mueble de la pequeña casa para enseñar lo que me hacía feliz y creo que no entendieron que me dirigía a ellos, eso me enseñó a hablar sola, y no es tan malo. 
    Si la vida diera medallas, preferiría una moneda de chocolate que premie mi automatización cuando acomodo cada palabra y gesto al tratar a los demás, no vaya a ser que les pase lo que me ha ocurrido. 
    Los cantos de la iglesia hablan tanto en plural y no entiendo, es que Dios es personal. Como cuando está conmigo y me ayuda a dejar de llorar para poder dormir, es algo espiritual, donde nadie entiende a nadie. Reitero, Dios es personal. 
    Apelo a lo mejor de ustedes, pero me topo con lo peor y me regaño tanto las expectativas que mientras me quejo hay en fila un centenar de expectativas más. 
    No hablo casi con nadie por temor a que me hieran. No hablo por tedio o pánico a los consejos a lo que solo puedo asentir y agradecer. No tomo muchos de los consejos, no son malos, pero mi paleta de colores presenta daños, me tengo en gris y los consejos están siempre en blanco o en negro. 
    Me despierto con mil ideas y me duermo con ninguna, quizá exagero. Aborto sueños, dolores y lazos. Parezco activa, pero luego con detenimiento creo que piensan que soy aburrida. 
    Cuando algo duele no se convierte siempre en odio, venganza, muerte o desolación, a veces se convierte en nada. Un vacío justo para lo injusto. 
    Imaginar querer llorar, pero pujar y que no haya agua en la concavidad; lágrimas que existen siendo ausentes: ¿qué venganza del cuerpo es esta? 
    Hesse dice que somos mártires de los instintos; creo que no solo los carnales de esta loca condición humana muy humana, creo que estamos dolientes de los hábitos del alma en igual medida. Instinto triste, lóbrego. Disociar es mi mejor plan para cuando termine de escribir esto. 
    Cuando reduzco todo a la posibilidad de que nada existe, siento menos, pero soy más consciente de que la vida, ella, aquí está... A pesar de todo y de esta nada, gracias por estar, por no irte ni como falso cobarde rendirte. No importa si es por algo o alguien más la lucha. Te quedas y eso significa que en el camino ya no se trata de alguien o algo, sino de ti. 

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