Una mañana he pensado...
Le debo todos mis pasos a la melancolía
al miedo que llegó un día
y severo, no se fue jamás.
Es por la melancolía.
Es por la melancolía que,
cuando quiero, ya no lloro.
Lloro cuando no quiero.
Y me nace, es natural la melancolía.
Es la sensibilidad que me nutre,
la misma que la alimenta.
Es por la melancolía, que me volví
sensiblemente fuerte. Me nace.
¡Qué natural es la melancolía!
Es por la sensibilidad que miro los detalles
y en ellos me doy cuenta
que nadie quiere como yo, ni ama como yo.
No quiere decir que no quieran, no quiere decir que no amen.
La melancólica soy yo.
Es por la melancolía que los sentimientos
no pueden, de verdad, transmitirse.
Es por la sensibilidad, que me gusta morir de pena
y ver como huye cuando hay problemas.
Es natural está melancolía que me nace de lo sensible,
que no me deja huir, así como cuando huyes.
Es por la melancolía que ahora saco todo fuera
me permito contemplarme,
y sé ahora, que es normal mi melancolía.
Mayor es, cuando a nadie más que a mí,
le importa mi cruda sensibilidad.
Me quiero la debilidad y me cuido de la tempestad.
Comentarios
Publicar un comentario