La sociedad de los corazones rotos
En una vida en la que todos somos principiantes, nos llama la atención de manera extrema como es que el resto de principiantes se expresan. Unos deciden marchar por las calles, deseando alcanzar aprobación de su pensamiento frente a los que por un lapso momentáneo se creen dueños de un todo, del hambre de las personas, del sufrimiento, desempleo o futuro de toda una población de niños, hombres y mujeres que así como ellos, están forjando su libreto de vida todos los días.
Otros, en su mayoría otras, marchan por las mismas miserables calles gritando, llorando y luchando porque algunos principiantes ya no apaguen la vela encendida de la vida de otras, de muchas. Madres desoladas por hallar a uno de los productos de su ensayo de vida, su hija o hijo.
Recurren los principiantes al panel principal de visualización, las calles, las mismas en las que curiosamente si se vuelven invisibles los desdichados que parecen haber fallado en su intento de vivir "como debe ser ", los que se reducen a un ruego por un par de monedas o un trozo frío y duro de pan. Muchos recurren a las calles para hacerse visibles mientras que otros en ellas son invisibilizados, y con esto, no digo que ninguno tenga más peso que otros, que uno este visiblemente bien y el otro invisiblemente mal o visiblemente mal e invisiblemente bien... Cada principiante lucha de modos distintos, el hambre no se siente igual en todos los cuerpos o partes del mundo, pero al fin y al cabo, todos sentimos hambre.
En medio de una sociedad llena de puros corazones rotos ya no parece existir ni una salida ni entrada a un nuevo mundo que nos salve de nosotros mismos. ¿Qué será de un mundo que puede comercializar de todo menos la esperanza?
Mientras tanto sigue el brote de impotencia, la alergia a la violencia y el sarpullido de dolor de parte de aquellos que como yo, sentimos no poder hacer nada en un planeta cada vez más deshumanizado. ¿Con qué propiedad nos sentimos parte de un lugar privilegiado en el universo? Sería necesario saber con cuál y quizá así podría entenderse, sin justificar, porque sucede todo esto que pasa ahora.
Sin ánimo de derrotar la viveza de la vida, expongo el vacío que siento todos los días al pensar que mientras estoy haciendo algo tan simple como teclear sobre mi computadora, hay principiantes sin sistemas de salud, familias buscando a sus hijos (as) perdidos (as), niños(as) siendo abusados (as) hasta por sus propios padres, trabajadoras sexuales siendo estigmatizadas con la creencia del robo de su dignidad, principiantes siendo extorsionados, maltratados, torturados y asesinados, por otros principiantes que no conocen como se siente la compasión.
Por un minuto de nuestra paz, otros están a un minuto de su muerte, en un plano donde no nos sabemos cuidar entre nosotros mismos. ¿Y es nuestra culpa lo que le sucede a los otros principiantes? Realmente no; pero qué hacemos para que nuestra novata vida vaya más allá de lamentarnos por las fatídicas noticias de todos los días...
No hubo tiempo, ni ensayo para saber como seríamos ya una vez colocados en este plano. El pequeño niño no sabía que a sus 20 mataría a otro ser humano, el niño no sabía que a los 35 tendría a su primer hijo, la niña no sabía que a los 17 perdería a su madre, la niña no sabía que a los 55 padecería cáncer, la niña no sabía que a los 25 mataría a sus hijos, la niña no sabía que a los 40 haría el viaje que anhelo años atrás. La población de ese país no imaginada buscar a su familia entre los escombros, esa empresa no vislumbraba aquella crisis externa, aquella comunidad nunca ensayó como reaccionar al tsunami.
La vida, es nuestro papel en escena sin ensayos previos, sin práctica y sin experiencia. ¡Cómo cuesta respetar el papel del otro en tan desorganizada obra! En la que a muchos no les importa lo que tengan que hacerle a otros con tal de llevarse ese protagonismo. Nunca me ha gustado adelantarme a los hechos, pero en este mundo cabizbajo y enfermo por la avaricia y el odio... Todos perdemos.
El único mensaje que quiero dejar es; todos somos un inicio y en nosotros yace nuestro final, que seamos principiantes y parte de todo esto no quiere decir que estamos condenados a sufrir ni a homogeneizarnos con lo que sucede y quebranta la paz del mundo. Aquí no cabe el "si no puedes contra tu enemigo únetele"; que estemos aquí aprendiendo de la vida cuando ya justo estamos viviendo, no justifica los actos que siguen destrozando el corazón del mundo.
Mucho texto
ResponderBorrarMe complazco al decir que siento que pude ser puntual con mi expresión, pero de hecho creo más bien que puede ser insuficiente a toda la emoción que albergo. Gracias por leerme. ¡Saludos!
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