Rocas frías
Necesito un vaso cuadrado de vidrio con rocas frías y ron dorado a mi lado para poder describir a punta de estas sucias letras, todo lo cobarde que he sido. Quiero conmigo sonidos distorsionados que me hagan sentir incomoda en mi propio cuerpo para que al menos sienta algo más que agonía.
Crecí pensando que duelen sucesos, pero duele más la nada. Duele más no sentir después de haberlo sentido todo. ¿Y cómo se explica uno mismo que algo dentro ya no está como solía estar? ¿Alguien se enteró de como es que el viento se lleva las cosas así? ¿A dónde las lleva? Alguien, que pueda preguntarle a gritos ¡¿por qué se las lleva?!
No es justo que lo que juró ser permanente haya sido mentira. ¿Y qué si nos engañó a ambos? Se expresa lo que se siente, pero ¿y cómo expreso lo que ya no siento? pero que aún no ha muerto... ¿Ahora como lo mato? ¿Y qué si no quiero matarlo?... Probablemente se murió antes de que yo lo quisiera... ¿Por qué se fue?
Me quemé la piel del alma para salvar lo que ya no estaba, porque yo hice que no estuviera y ¿no es esa una forma de odiarse? Si es así, me odié mucho, pero sin querer, pues de quererlo seguiría con la cuerda al cuello atada.
Estoy despierta a media noche, a inicio del día, escribiendo algo que nadie va a entender, algo que van a interpretar sin tener la certeza de lo torturados que coloqué los dedos sobre el teclado después de darme cuenta que la vida me engaño desde dentro hacia afuera. Y sin embargo, no importa, quiero que se tome este texto como sea...
Nunca estamos preparados para darnos cuenta que no somos consecuentes con nuestras palabras, no se nace listo para ver crecer ideales que nunca se planearon, mucho menos estamos enfocados en sentir lo que ya no sentimos.
¿Cómo explico que sí es amor si ya no lo siento? ¿Cómo demuestro si no me dio tiempo de tomar entre mis dedos lo poco que me quedaba? Si mientras me preguntabas; las ganas salieron corriendo y yo me quedé helada sin saber que hacía enfrente de lo que ya no había.
Duele más creer que el agua es infinita... Duele más creer que el sentimiento no puede hacerse pequeño hasta casi desaparecer.
Si muriera hoy, sabría que no puedo hacer un escenario relleno de brillo y cristal para mantener feliz al amor, que no puedo reír con el llanto en la garganta con tal de hacer que otro se contagie y sonría, que no puedo proteger en jaula y que no importa cuanto cubra la mentira una cañería rota, la presión del agua siempre será más fuerte y hará que se vea que lo mejor que se puede hacer por alguien es colocarlo en la realidad, por más que esta duela.
No vaya a ser que la pesadilla que se quería evitar sea la misma que vea cada vez que esté frente al reflejo.
-Que al final quise protegerte tanto, que te deje caer-
-Que al final vi partir una lágrima en vez de una sonrisa-
-Que al final fui yo el veneno mientras buscaba el antídoto-
Ya el perdón ni cabe ni basta, pero que bueno que al menos no necesité un vaso cuadrado de vidrio con rocas frías y ron dorado para desahogarme, porque yo de verdad, ya no quiero decepcionarte.
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