Pies.

Nos han hecho sentir que la preocupación es una carga, pero que no podemos ser evasivos a ella, entonces ¿por qué no tomarla para bien? Si cosmopolita me interesa el aullido de alguien herido y me florece la necesidad de ayudar al que ha sido presa de distintas injusticias. Como humano en estado gregario que se expone a tener como vista la idea o el ideal de los otros. Somos llamados a la semejanza aún más que a la diferencia porque la fuerza se crea cuando existe algo que une, como el equipo que notifica bajo un mismo objetivo y celebra sin importar el cargo que se haya asignado cuando las conclusiones son consecuentemente positivas. Parece ser que la mayoría de nuestras constantes son negativas: angustia, preocupación y tendencia a la melancolía. Resulta contradictorio que lo que más nos acerca a la meditación, al conocimiento de los otros y de uno mismo, es valorado como un factor que nos contrae a la tristeza. Pero ¿qué tan mala es esa compañera?
Se veía encima de su cama con los pies desnudos y los brazos en posición de descanso y le parecería imposible poder contar cuantas veces estuvo sobre esas cuatro patas de madera pensando en lo que sucede fuera; fuera de su dormitorio, fuera de su "hogar", fuera de su comunidad, fuera de su impostora patria y fuera por fin del globo que antes creían plano. No porque deseara escapar era que pensaba así de grande, sino porque veía todo inmenso y le hacía sentir impotente.
Se veía sobre esa tela gruesa y amarilla que le recubría por las noches y además de pensar que sus pies desnudos no producían ningún atractivo, tomaba también impulso una preocupación enriquecida en exageración y una angustia desmesuradamente punzante sobre tantas cosas y tantos términos y tantos sentimientos y probablemente llegó a concluir en que el arte de ver hacia fuera se interpreta mejor cuando se ve con detenimiento hacia adentro...
No logró el cometido sola, le instruyeron escritos agresivos en los que residía como embajadora la filosofía y por medio de las letras se encontraba y se perdía, se conformaba y quizá a ratos se desfasaba, pero lograba ver su propio dormitorio interno, su propio hogar interno, su comunidad expresada en ella, su propia patria en la evolución de lo que para sí se construía a base de pensamientos y ya no importaba si el terreno de todos era circular, triangular o romboide, porque lo que comenzaba a tener relevancia era más la esencia que la forma.
Dada cuenta de lo que era y al tener de par en par abiertas las puertas de sí misma, pudo entonces conocer su espacio, pudo entonces sentir que encajaba con quien más importaba y se colocaba así misma como un punto de referencia para partir hacia el conocimiento y pudo entrever que no es necesario el bullicio, que no es necesaria la celebración despampanante, sino que a veces solo faltan unos años preocupados, unos años pensativos, unos años duros, unos años atestados de angustia, para que al fin se entienda que lo mejor se da de dentro hacia afuera y ayuda más quien se conoce, no solo en apariencia. Se le ha cambiado la historia a lo negativo, tal vez preocuparse no sea tan malo, lo injusto es verse todo desde fuera antes que todo desde adentro, tal vez después de todo eso, sus pies le parecieron atractivos.

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