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Mostrando las entradas de abril, 2020

La apresurada carta de un muerto.

Corriendo mientras las lágrimas me manchan las rosadas mejillas escarchadas de pecas, le persigo porque me niego a creer que vaya lejos, consciente de que los pies ya no soportan el talante golpe de ese trote tan profano, a sabiendas de que el tórax ya tenía vida propia por mi alarido entrecortado gracias ese gran cansancio y el miedo a que, al paso que llevaba, no pudiera alcanzarle de nuevo y finalmente la perdiera, como lo he hecho una y otra y otra vez, pero algo pasaba, en esta ocasión no era igual, y este cansancio no era el mismo de ayer. ¿Le habré dicho lo suficiente cuánto le amé? Bueno, lo amo, porque si la llego a alcanzar no tendré que inventar palabras de despedida o, al menos ¿Podré decirlas? ¿Por qué me arrebataron así de allí? De donde soy, era, de donde fui. No quiero llanto aquí porque si me dan el instante más etéreo de mi vida, me quedo con ustedes, no sé aún si me quiero ir. Estoy corriendo tras ese ultimo aliento, tras esa última sonrisa que di, que regalé, q...