Abuelo
Pensé quería en contemplación eterna mirar el cielo y alcanzar al sol, y así espontáneo sentir de cerca la suave y dulce desazón que me ha dejado la dolorosa ida de quién en vida como nadie amó. Tenía canas que miraba con entereza sabiendo injusto que un día las tendría yo y que presto el destino o presta la duda me dejarían sin verlo en el pórtico de aquel cuarto sólo por las tardes pero repleto de luces imaginarias en las noches Amar no sabía, me dejaron aprender la sabiduría me hizo saber que lo tomaba a bien. No saber por saber, saber para anclar, la mente con todo aquello que pueda llegar. Mi navío el buen libro, y hacía de capitán aquel que de canas curtido y de vago andar decía siempre con grandilocuente afán, ¡qué linda es la vida! Y yo miraba bien que si la vida la podí...